(Fuente : Heinrich Von Klausen)

parqueEl escritor, periodista e investigador yeclano Salvador Santa Puche, amparado por una beca de la Ley de Memoria Histórica, ha resuelto en su último libro el misterio de las casetas del parque. En las páginas de “Lo que callan las palomas”. Santa pone de manifiesto una teoría novedosa sobre la desaparición de estos emblemáticos símbolos.

“Al principio hubo hasta tres casetas distintas: las de las palomitas, y otras dos de chucherías”, explica el escritor. “Sin embargo, no duraron mucho con la aparición de establecimientos como Stop o La tienda de Rosita”.

Santa entrevista a varios testigos de aquel tiempo. “Yo odiaba a los niños. Tenía la caseta, sí, pero era para sacar cuatro perras de esos mandurriales”, confiesa T.E.O, propietario de uno de los negocios. “En mis tiempos uno se ganaba el jornal. Los críos llegaban y se inventaban los nombres de las golosinas. Unos decían Monchitos y otros arroz inflado. Me querían volver loco”. En este alarde de nostalgia, T.E.O. se sincera “Ahora todo son bolsas de plástico y pinzas. En mis tiempos agarrábamos los dulcipica con la mano y nadie se quejaba”.

Por su parte, P.I.O., iniciales del dueño de la caseta más septentrional, acusa a la competencia. “Sacaron el rumor de que poníamos droga en las golosinas y los zagales dejaron de venir. Fue el de la otra caseta, estoy seguro. Yo, en venganza, me meaba todas las mañanas en su esquina, para ver si el olor espantaba a los clientes”.

“Esta encarnizada lucha dio como resultado la extinción de ambos negocios”, teoriza Salvador Santa. “Sospechosamente, sólo ha quedado la caseta de las rosas… pero no seré yo quien dude de su rentabilidad”.

El libro se pondrá a la venta en los próximos días coincidiendo con inauguración del busto del portero de la Casa de Cultura.