Fuente: Tomás Roncero.

Tal y como viene siendo costumbre en los últimos veranos, desde el excelentísimo, modestia a parte, Ayuntamiento de Yecla ha puesto en marcha un programa de actividades  para amenizar y hacer más llevaderos estos duros días de calor. Tal y cómo nos informan detalladamente los informativos, el verano, para el que no lo supiera, es un período en el que las temperaturas ascienden notablemente y hace calor, lo que tiene  consecuencias tan graves cómo que el ingenio se resienta y el cerebro se reseque, lo que nos lleva a pensar en cerveza fría o nos hace vulnerables a la canción del verano. Para evitar todos estos graves trastornos de conducta y bajo el asesoramiento de eminentes psicólogos raspaleños se vienen tomando medidas para evitar el esponjonamiento mental, la angustia y formas de descargar la adrenalina acumulada mediante maldiciones y recuerdos a familiares de determinadas personas.

Se trata de una medida innovadora y que Yecla ha adoptado como pionera en este campo. Se lleva a cabo de forma sibilina y aunque no lo sepa usted, vecino de Yecla, seguramente ha sido agraciado con alguna de sus variantes. La fórmula es sencilla, se trata de pequeños cortes de agua, cortes de luz, contribuciones especiales o la elaboración estratégica de trincheras que ha modo de “yincana” permiten mantenernos en forma y al acecho de posibles obstáculos en nuestro camino. Por otro lado, esta fórmula nos permite pequeños ahorros de energía y una mejora paulatina, muy paulatina, de las infraestructuras del pueblo.

Lo más innovador de esto es que se hace  de forma totalmente aleatoria y sin aviso previo, lo que le da un plus de riesgo y atracción que hace que irresistiblemente estos últimos veranos se haga uso de estos recursos. “Si la gente está avisada de que le vamos a cortar la luz o le vamos a cortar el agua, todo esto pierde su efecto psicológico en el personal, ya que el ser humano tiene una tendencia natural a la búsqueda de un estado de completa mala hostia que es incrementado por las altas temperaturas, la acumulación de esta agresividad perjudica la convivencia general y pone en riesgo la fraternidad humana” Con estas medidas se puede hacer que la gente pueda descargar en unos minutos toda la mala leche que le produce el tener que ir a orinar a oscuras, ver cómo se descongela la comida del frigorífico, ducharte con cubos de agua o el caerte de bruces al cruzar la calle. Los psicólogos raspaleños recomiendan todo ello porque se podría caer en el vicio de ver Interfalangestería y hacer que la necesidad de descargar la mala hostia nos lleve a conflictos más serios.

Así pues, querido vecino, ya sea usted de la Avenida de la Guerra o de la Calle Salsipuedes, si algún día abre el grifo y no hay agua, le ponen una trinchera en la puerta de tu casa o le meten una púa por una obra que se podría financiar de otra manera, ya sabe, descargue su mala leche en esos instantes, se sentirá mejor y le hará mejor persona, pero sea consciente que todas estas faenillas se hacen por su bien. Ceterum censeo statuam esse delendam.